De la Cama al Convento

De la Cama al Convento

Había una vez... una mujer que el barrio conocía como La Pulmonía, no porque enfermara, sino porque con una sopladita te dejaba sin aliento y sin quincena.

La Pulmonía era cabrona, curvilínea y experta en hacer que los padrotillos chillaran como perrito en veterinario. Tenía más clientes que Oxxo, y cobraba más que un Uber en lluvia con tráfico.

Pero un día… ¡zas!

Se metió con un padrecito joven, el padre Crispín.

El vato fue a "salvar su alma"... pero acabó confesando más de tres pecados carnales en una sola visita.

Después de varios "oh, Dios mío" que no eran precisamente de oración, la Pulmonía vio la luz...

pero no la del cielo, sino la de la cruda moral que le dio cuando despertó rezando el rosario con un brasier en la frente.

Y dijo:

—“¡Basta! Me voy al convento. Voy a cambiar mi vida... pero sin dejar de ser yo, ¡chingao!”

Entró al convento de las Hermanas del Santo Desmadrito Redentor.

Unas monjitas bien alivianadas que rezaban, sí...

pero también jugaban dominó con mezcal y echaban lotería con pecados capitales:

"La Envidia... el que se enchila cuando ve nalgas ajenas."

"La Lujuria... la monjita que se santigua con lubricante."

"La Soberbia... la que cree que su padrenuestro mojadito es más bendito que el de otras."

La Pulmonía, ahora Sor Pechonalidad, empezó a dar clases de canto… pero cada vez que decía “Oh Señor”, a los seminaristas se les paraban los dogmas.

Y aunque vestía de monja, su alma seguía brava:

—“No dejé de ser puta, solo que ahora cobro con indulgencias y cachetadas espirituales” —decía mientras le daba un zape con la Biblia a un padrecito cachondo.

Un día, el mismísimo obispo fue a visitarlas… y al verla, exclamó:

—“¡Ave María Purísima! ¿Eres tú… Lupita la del Table?”

Y ella, sin pestañear:

—“¡Sin pecado concebida, pero con muchos concebidos sin pecado, su Excelencia!”

Desde entonces, Sor Pechonalidad es leyenda:

la santa patrona de las redimidas cachondas,

la única monja con OnlyFans bendecido,

la que reza, pero también te exorciza de la tristeza... a besos y albures.

Moraleja:

A veces no es que cambies de vida...

es que la vida te cambia el uniforme,

pero no el colmillito.

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