Donde la Sombra Encuentra Casa

Donde la Sombra Encuentra Casa

Luces bajas.

El mundo se calla cuando entras.

La noche aprende tu nombre

y mi sombra se estira para alcanzarte.

No te persigo.

Te invito.

El control no aprieta,

susurra.

Es arte fino

dibujado en la tensión de tu espalda

cuando sabes que no voy a huir.

Soy la penumbra que no asusta,

el límite exacto donde tu miedo

se vuelve deseo.

Ni ángel ni villano.

Solo el pulso que te sostiene

cuando tiemblas.

Tus ojos me desarman.

La ciudad desaparece.

Todo ruido se rinde

ante tu respiración lenta,

esa que me dice

quédate

sin usar palabras.

Mis manos no atan.

Refugian.

Y en cada roce,

tu piel firma un contrato invisible

donde el placer no pide permiso

y el alma se quita la ropa sola.

Hay vino en el aire,

cuero en la memoria,

y un silencio que arde

más que cualquier promesa.

No hablo de amor eterno.

Hablo de presencia.

De quedarme justo ahí

donde tu cuerpo descansa

y tu mente se incendia.

Eres mi lugar.

Mi faro cuando todo oscurece.

Mi calma peligrosa.

Mi fuego lento.

En ti no me escondo:

me encuentro.

Y si mañana el mundo rompe,

si el tiempo aprieta,

si la luz se va…

que quede claro:

En mis sombras aprendiste a brillar.

Y yo,

en tu abrazo,

aprendí

a quedarme.

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