El Ángel de la Guarda con burnout

El Ángel de la Guarda con burnout

(Cuidando a Don Rizo desde 1990)

El ángel no tenía nombre.

No porque no se lo hubieran dado…

sino porque ya nadie lo usaba.

En los registros decía:

Asignación: Don Rizo.

Inicio: 1990.

Estado actual: cansado, pero activo.

Muy activo.

—Otra vez no… —murmuró el ángel viendo a Don Rizo salir de casa con cara de “hoy sí me va a cargar la verga”.

Desde 1990 lo había salvado de todo:

caídas pendejas,

peleas en cantinas,

balas que pasaron besando el aire,

mujeres que decían “yo no soy así”…

y decisiones que empezaban con “no pasa nada”.

—No pasa nada, dice… —gruñó el ángel—.

Claro que pasa, cabrón, aquí estoy yo haciendo horas extra.

Don Rizo no veía nada.

Solo sentía esa suerte rara.

Ese “no sé cómo, pero la libré”.

1998

Primera pelea seria.

Un vato saca navaja.

Don Rizo se lanza como si fuera inmortal.

—¡NO! —grita el ángel, empujando el filo apenas un centímetro.

La navaja raspa.

Nada grave.

—Uf… estuvo cerca —dice Don Rizo riéndose.

El ángel se sienta en la banqueta celestial.

—Estuvo cerca no es agradecimiento.

2005

Una bala perdida.

El ángel la desvía con dos dedos.

—Otra vez —suspira—.

Ni Superman recibe tanto paro.

Don Rizo se queda quieto, corazón a mil.

—Algo me cuida…

—Algo está exhausto —responde el ángel, aunque nadie lo oye.

2012

La tóxica.

El ángel la ve llegar desde lejos.

—No.

No no no no no.

Se aparece en sueños.

—No es ahí.

—¿Quién eres?

—El que te va a recoger si sigues así.

Don Rizo despierta sudando…

y va de todos modos.

—Me voy a aventar, total… —dice.

El ángel pide refuerzos.

—¿Puedo cambiar de humano?

—Negativo. Te tocó él.

—¿Y el libre albedrío?

—Ese es su problema. La paciencia es el tuyo.

2020

Pandemia. Silencio. Encierro.

Don Rizo escribe.

Llora solo.

Se cuestiona.

El ángel lo observa con ternura cansada.

—Mira nomás… cuando paras, piensas.

No era tan difícil.

Una noche cualquiera

El ángel ya no aguanta.

Se le aparece por primera vez.

Sin alas brillantes.

Sin coro.

Con ojeras.

—¿Tú eres…?

—Sí.

—¿Mi ángel?

—Desgraciadamente.

Don Rizo se ríe.

—Te ves cansado.

—Porque tú no aprendes.

—¿Y por qué sigues aquí?

Silencio largo.

—Porque a pesar de todo… sigues intentando ser mejor.

Tarde.

A putazos.

Pero intentas.

—¿Entonces no decides tú?

—No. Yo cuido. Tú eliges.

Don Rizo baja la mirada.

—Perdón.

—No me pidas perdón —dice el ángel—.

Solo vive con un poco más de conciencia, cabrón. Me estás matando.

El ángel nunca se fue.

Sigue salvándolo.

Sigue empujando balas.

Sigue desviando malas noches.

No porque Don Rizo sea perfecto…

sino porque amar también es aguantar sin aplausos.

Moraleja

El libre albedrío es hacer lo que quieras.

La gracia es que alguien te cuide

aunque no hagas caso.

Y si sigues vivo…

tal vez no es suerte.

Tal vez alguien ya va en overtime por ti.

Enviar Mensaje

Se enviará un email al negocio