
Había una vez, allá por los ranchos calientes de Sinaloa, un vato conocido como El Piquetas.
No por cuchillero, no…
¡por cómo dejaba a las morras caminando como Bambi recién nacido después de una noche de "rosario horizontal"!
Era sicario de tiempo completo, con su troca mamalona, su cuerno de chivo cromado y su corrido personalizado en Spotify.
Pero un día, después de una balacera en la que confundió a un mariachi con un rival —todo por andar crudo—, el patrón le dijo:
—“O te calmas… o te mando a la verga con tu TikTok y tus pendejadas.”
Sí, porque el Piquetas tenía una doble vida: de día mataba, y de noche grababa videos bailando con la máscara puesta.
Tenía 200 mil seguidores y subía frases como:
"Pa' matar nací, pero pa' amarte también, mija."
"Plomo o culo, tú decides."
"El único polvo que no mata... es el que hago contigo."
Total, se aburrió de tanto plomo y tanta sangre...
Y se fue a vivir a Monterrey con una influencer que vendía cremas milagrosas y fajas que te sacaban lonja hasta por los codos.
Pero el vato no podía con la tentación…
Empezó a hacer colaboraciones:
—Un en vivo con el Canelo.
—Una receta de “Pozole con pólvora”.
—Un tutorial de “Cómo desarmar un rifle y a tu ex”.
Se volvió viral cuando se tatuó a la Virgen en una nalga y a su patrón en la otra.
Le preguntaban:
—“¿Y por qué en las nalgas?”
Y él:
—“Pa' que cuando me agache, Dios me cuide y el patrón me respalde.”
Un día lo invitaron a un reality show:
"Narco Chef: Cocina con Huevos y Balas",
y ganó con un platillo llamado "Chilaquiles con Chaleco Antibalas y Salsa Verde Nivel 5 de Alerta Máxima".
Desde entonces, El Piquetas cambió el cuerno por el aro de luz,
la troca blindada por una combi con Wi-Fi,
y las ejecuciones… por likes.
Moraleja:
Hasta el más bravo se ablanda…
cuando la fama llama y el culo quiere playa.
Porque entre matar o monetizar…
¡prefiero mil veces una bala de risa que una de verdad!