
“TREINTA MONEDAS NO ALCANZAN PA’ TERAPIA”
El estudio era humilde. Dos micrófonos, una mesa coja, una virgen volteada boca abajo para que no juzgara, y Don Rizo acomodando los audífonos como si fuera a entrevistar a Bad Bunny, pero versión remordimiento eterno.
Don Rizo:
—Familia, hoy tenemos invitado pesado. Histórico. Polémico. El hombre más funado antes de que existiera Twitter. Un aplauso imaginario para… Judas Iscariote.
Judas entra. Barba descuidada, ojeras de dos mil años, hoodie gris con la leyenda “No fue tan simple”. Se sienta lento. Mira el micrófono como quien mira un cuchillo.
Judas:
—Gracias por invitarme. Casi nunca me invitan a nada que no sea el infierno.
Don Rizo:
—Aquí no quemamos, aquí preguntamos. Y a veces también quemamos, pero con respeto. A ver, directo al grano. ¿Traicionaste o te usaron?
Judas suspira. El suspiro de alguien que ya contó la historia mil veces y nadie escuchó.
Judas:
—Carnal… yo creí que estaba ayudando. Pensé que lo iban a arrestar, interrogar, asustar tantito. Nunca pensé… ya sabes.
Don Rizo:
—El plot twist más caro de la historia. Treinta monedas por una culpa vitalicia. Ni para enganche de un Tsuru.
Judas (ríe leve):
—Ni siquiera eran de oro fino. Plata corriente. Desde ahí debí sospechar.
Don Rizo se inclina al micrófono, tono serio, pero con veneno controlado.
Don Rizo:
—La banda dice que vendiste a tu compa. ¿Qué se siente ser el villano oficial del cristianismo?
Judas baja la mirada.
Judas:
—Cansa. Nadie habla de Pedro negándolo tres veces. Ese wey sí se rajó y lo canonizaron. Yo cometí un error… y pum, eterno antagonista.
Don Rizo:
—Clásico. El que falla una vez carga el meme para siempre. Aquí en México te dirían “ya sabemos cómo eres”.
Pausa. Silencio incómodo. Judas se frota las manos.
Judas:
—¿Sabes qué es lo peor? Que él… él me perdonó. Antes. Durante. Después.
Don Rizo:
—Eso duele más que el castigo.
Judas:
—Exacto. Si me hubiera odiado, tendría excusa. Pero no. Me miró como diciendo “aún así te quiero, menso”.
Don Rizo traga saliva. No le gusta admitir cuando algo le pega.
Don Rizo:
—Eso suena peligrosamente parecido a terapia no solicitada.
Judas:
—Por eso acepté venir. Quería decirlo sin que me crucificaran en los comentarios.
Don Rizo revisa su celular.
Don Rizo:
—Hablando de comentarios… aquí dicen: “Judas debió pedir disculpas”. Otro dice: “Treinta monedas es poco, yo por menos he hecho peores mamadas”.
Judas suelta una carcajada triste.
Judas:
—Al menos soy relatable.
Don Rizo:
—Pregunta clave. Si pudieras regresar el tiempo, ¿lo harías diferente?
Judas se queda callado. Largo. Como si el tiempo regresara solo para joder.
Judas:
—No lo sé. Si no pasaba, igual habría pasado de otra forma. La historia ya venía cargada. Yo solo fui el nombre en la ficha.
Don Rizo:
—O sea… ¿chivo expiatorio premium?
Judas:
—Algo así. Con edición limitada y odio eterno.
Don Rizo se recarga en la silla.
Don Rizo:
—Carnal, aquí entre nos… yo también he tomado decisiones bien pendejas creyendo que hacía lo correcto. Spoiler: no lo era.
Judas (lo mira):
—Entonces sabes lo que es cargar con eso.
Don Rizo:
—Sí. Pero mira, diferencia clave. A ti te recuerdan cada domingo. A mí solo mis ex.
Ríen. El ambiente se afloja.
Judas:
—¿Sabes qué me hubiera salvado?
Don Rizo:
—Dime.
Judas:
—Que alguien me dijera: “Ey, detente. No seas idiota. Respira.”
Don Rizo:
—Este podcast llega tarde por dos mil años, pero aquí estamos.
Judas asiente. Ojos brillosos. No llora, porque ya lloró todo.
Judas:
—Gracias, Rizo. Por no verme solo como el traidor.
Don Rizo:
—Aquí no cancelamos, analizamos. Y a veces abrazamos, aunque sea incómodo.
Cierra con voz firme.
Don Rizo:
—Familia, moraleja rápida. Antes de juzgar al Judas de turno, acuérdense cuántas veces han vendido sus propios principios por menos de treinta monedas.
Nos vemos en el próximo episodio… si no me excomulgan antes.
Corte. Silencio. Judas se quita los audífonos.
Judas:
—¿Crees que Dios escuche podcasts?
Don Rizo:
—Seguro. Y lee comentarios. Ese es el verdadero infierno.
Fin.