La Junta Más Importante del Año

La Junta Más Importante del Año

Era un lunes cualquiera en la empresa Innovaciones del Futuro S.A. de C.V., y los altos ejecutivos estaban reunidos en la sala de juntas VIP, esa que olía a café caro y decisiones importantes.

Ahí estaban:

Don Ernesto, el CEO, un señor de bigote fino y voz de locutor que siempre decía “Hay que pensar fuera de la caja” aunque ni sabía dónde estaba la caja.

Lic. Ramírez, el de Finanzas, que traía la corbata más apretada que el presupuesto de la empresa.

Sofía, la de Marketing, que siempre llegaba con su PowerPoint lleno de gráficos que nadie entendía, pero todos aplaudían.

Y claro, Don Chuy, el jefe de logística, que solo iba a las juntas por las galletitas gratis y para dormirse en la esquina.

La junta arrancó formalísima, como siempre.

—Compañeros, esta reunión definirá el rumbo de nuestra empresa en el siguiente año fiscal —dijo Don Ernesto, con tono solemne—. ¿Todos trajeron sus insights?

Pero justo cuando Sofía iba a empezar con su presentación de “Estrategias disruptivas para el Q4”, pasó lo impensable:

¡Se fue la luz!

Oscuridad total. Solo se oía el bzzz del proyector apagándose y el murmullo nervioso de los ejecutivos.

—¡Tranquilos! —gritó Don Ernesto—. ¡Mantengamos la calma! Esto no detendrá nuestra innovación.

Pero ahí no quedó la cosa. De repente, en la penumbra, se escuchó un Prrrrrrrttt…

¡Un gasazo!

Silencio absoluto.

El licenciado Ramírez tosió nerviosamente, Sofía trató de hacerse la que no oyó nada, pero todos sabían que alguien había soltado la bomba.

Don Ernesto, tratando de mantener el profesionalismo, dijo:

—Ejem… Bueno, eh… sigamos con la junta. Esto… esto es solo una pequeña fuga.

Pero Don Chuy, que nunca perdía la oportunidad, soltó en voz alta:

—¡Pues más bien parece una fuga de gas de PEMEX, jefe!

¡La sala estalló en carcajadas! Hasta el serio del licenciado Ramírez tuvo que agacharse para que no se le notara la risa. Pero eso no fue lo peor.

Justo en ese momento, volvió la luz… y todos voltearon a ver al culpable.

Ahí estaba, rojo como jitomate: Don Ernesto, el mismísimo CEO, con cara de “trágame tierra”. Resulta que el cafecito con leche deslactosada que siempre presumía no era tan light como decía.

Pero en vez de enojarse, el jefe se rascó el bigote, levantó la mano y dijo con seriedad:

—Compañeros, esto es lo que yo llamo… descompresión organizacional.

¡La risa fue tanta que la junta se suspendió por el resto del día! Al final, ese gasazo inesperado logró lo que ningún team building había conseguido: unir al equipo.

Desde entonces, cada vez que había tensión en la oficina, alguien decía:

—¿Y si aplicamos la técnica de descompresión organizacional?

Y todos sabían exactamente a qué se referían.

Moraleja:

En el mundo de los negocios, la seriedad es importante… pero nada une más a un equipo que una buena carcajada (o un buen pedo).

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